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Un videojuego para conocer el océano

El proyecto “Infinite Scuba” permite la exploración del océano a través de la realidad virtual.

No se preocupe por los niveles de oxígeno, el costo del equipo ni el boleto de avión para viajar al otro lado del mundo. Es más, ni siquiera tiene que saber nadar. Sólo tiene que ponerse un visor y sumergirse en el mundo de la realidad virtual.

Kathie Flood y Russ Glaeser crearon “Infinite Scuba” un videojuego que permite explorar el océano gracias a esta tecnología.

Bucear sin límites en los mejores lugares del planeta es un sueño hecho realidad. A través de un simulador de buceo “queremos que las personas experimenten cómo es bucear en el océano”, explica Kathie, la directora del proyecto, a CientificoDigital.mx.

“Queremos incentivar el uso de las tecnologías, las personas se están comunicando a través de los videojuegos muy bien, así que queríamos construir algo que contribuya a la educación ambiental”, comenta Kathie, originaria de Seattle, donde surgió la idea de desarrollar el juego cuando se dieron cuenta que en esa ciudad muchas personas no saben nada acerca de las especies que viven en el agua, a pesar de vivir tan cerca de ella.

En el demo del videojuego se puede hacer un recorrido en la Barrera del Arrecife de Belice con un plus: poder explorar el mar al lado de una de las especialistas en la materia en el mundo, la Dra. Sylvia Earle.

“Es una de esas fantasías que todos quisiéramos hacer, así que esta es la oportunidad de ser un verdadero buzo guiado por un experto en un hermoso lugar del planeta para ver a los animales con su tamaño y velocidad real, interactuando en su medio natural como si realmente estuvieras en Belice”, detalla Kathie en su stand dentro del Congreso Mundial de Conservación de la Unión Internacional de Conservación de la Naturaleza en Hawái.

El videojuego completo también permite bucear en Micronesia, identificar peces y corales, tomar fotografías, encontrar objetos en el fondo marino, limpiar el arrecife, monitorear especies invasoras y aprender ciencias e historia.

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El juego permite realizar distintas acciones como identificar especies. Crédito de la imagen: Infinite Scuba

“Empezamos con una lista de lo que queríamos hacer, hablamos con personas que han vivido ahí, que conocen mucho del lugar, escogimos las especies más icónicas por las que las personas bucean para conocerlas y buscamos material de referencia como fotografías y videos para hacer modelos en tercera dimensión con la computadora, lo que lo hace un ambiente totalmente 3D”, explica Russ encargado del diseño visual del videojuego.

Aunque actualmente las tecnologías para producir videojuegos son muy buenas, la creación de un ambiente subacuático fue uno de los retos que tuvieron que superar estos desarrolladores, ya que estos programas informáticos no están diseñados para una experiencia submarina, por lo que el equipo tuvo que hacer muchas pruebas, a través de capas y capas de diferentes efectos,  para lograr que el agua se viera real.

“Tenemos mucha libertad, lo que es muy divertido, pudimos hacer una gran cantidad de cosas que no podríamos haber hecho si trabajáramos en un juego convencional donde tuviéramos que agregar armas, sangre y todo ese tipo de cosas, nos enfocamos en cómo hacer ver realista a los animales salvajes, como hacer que parezca real que estás bajo el agua, esos fueron desafíos muy divertidos”, cuenta Kathie quien menciona que una de las cosas que están trabajando ahora es en poder representar pulpos gigantes del pacífico (Enteroctopus dofleini) que se mueven en una forma fluida y escurridiza.

Las especies que aparecen en el juego tienen la apariencia y los movimientos que tienen en la realidad reales. Crédito de la imagen: Infinite Scuba
Las especies que aparecen en el juego tienen la apariencia y los movimientos que tienen en la realidad reales. Crédito de la imagen: Infinite Scuba

Este videojuego funciona como la mayoría de los juegos, con los controles de movimiento a través del las flechas del teclado. Existe una versión gratuita para profesores en su página web www.infinitescuba.com

Usan nueva tecnología para identificar barcos pesqueros ilegales en la Isla de Pascua

Cuando era niño, Simón Pakarati pescaba con uno o dos anzuelos que constantemente quedaban atorados en las piedras a la orilla de la Isla de Pascua (Rapa Nui, como ellos llaman a la isla y a sí mismos) porque no tenía flotadores que impidieran que los señuelos se hundieran. Hasta que en la costa empezaron a aparecer algunos plásticos. “‘¡Oh bien!’ decía yo, ‘ahora ya tengo flotador’, amarraba los plásticos a la línea y no perdía mis anzuelos, pero después empecé a ver que estaba lleno de basura”. El plástico que un día le emocionó encontrar ahora es su enemigo. Simón y sus compañeros recolectan hasta ocho toneladas de plástico al día en un solo lado de la isla.

Más grande, Simón comenzó a pescar mar adentro. “A partir del año 2000 se nos empezó a perder el atún, que es la base de la pesca de la isla, entonces empezamos a sacar los pescados de la orilla para alimentar a nuestras familias, pero en menos de dos años nos acabamos todo”, dice, y recuerda preocupado que fue en ese momento cuando pensaron que los barcos que dejaban su basura estaban llevándose el atún de la zona.

Pescadores de Rapa Nui como Simón Pakarati tienen miedo de que grandes pesqueras se instalen en la isla y hagan uso del lugar solo por dinero, sin el correspondiente cuidado de la naturaleza. Foto de Pablo Hernández Mares.
Pescadores de Rapa Nui como Simón Pakarati tienen miedo de que grandes pesqueras se instalen en la isla y hagan uso del lugar solo por dinero, sin el correspondiente cuidado de la naturaleza. Foto de Pablo Hernández Mares.

La flota pesquera de Rapa Nui es artesanal. Son pequeñas embarcaciones con un promedio de siete metros (23 pies) de longitud, con una tripulación de una o dos personas que sacan los peces con las manos, uno a uno, contrario a los barcos que  atrapan toneladas de peces en sus redes, iluminados con grandes lámparas que los Rapa Nui divisan en el horizonte.

“Nosotros ayudamos al Gobierno chileno y a la comunidad de la Isla de Pascua a hacer un análisis de los barcos pesqueros de todo el mundo que se acercaban a sus aguas, pudimos desarrollar una tecnología para identificar a las embarcaciones ilegales y  hacer algo al respecto”, dice Seth Horstmeyer, director de Global Ocean Legacy, programa de The Pew Charitable Trusts y sus socios.

El atún es la especie más preciada por la pesquería ilegal. De acuerdo con Horstmeyer, esta actividad criminal es un negocio global con ganancias de 23 mil 500 millones de dólares anuales. “Tenemos un software que puede monitorear por dónde van los botes, si se mueven lento y en zigzag probablemente están pescando, y si se supone que no deberían estar ahí entonces puedes enviar a la armada tras de ellos, o puedes esperar a que vayan a un puerto y detenerlos ahí, porque hay un acuerdo firmado por treinta naciones para identificar la pesquería ilegal”, puntualiza.

“A veces se acercan a unas 40 millas de la isla, nosotros podemos ver las embarcaciones desde la costa, son flotas pesqueras de China, España, Japón o Corea y muchas son ilegales porque no usan posicionamiento satelital”, detalla Simón Pakarati, quien ha aprendido a  identificar los anzuelos españoles o japoneses que quedan enganchados en los peces.

La propuesta de un área marina protegida


Durante la administración del ahora expresidente chileno Sebastián Piñera se creó el Parque Marino Motu Motiro Hiva, un área de 150 mil kilómetros cuadrados, donde está una serie de montes marinos con una gran biodiversidad, en un punto alejado de la Isla de Pascua pero que conforma el territorio ancestral Rapa Nui.

“El parque no tiene un plan de manejo. Ese acto administrativo impulsivo por parte del presidente generó efectivamente un conflicto con los Rapa Nui porque no se les preguntó, el Estado no les consultó y creó un área, algo que es resentido por ellos hasta el día de hoy”,  dijo Diego Flores Arrate, Jefe del Departamento de Áreas Protegidas del Ministerio de Medio Ambiente chileno durante el Congreso Mundial de Conservación de la Unión Internacional de la Conservación de la Naturaleza (IUCN por sus siglas en inglés).

Sebastián Yancovic Pakarati, de La Mesa del Mar, asistió al Congreso Mundial de Conservación para hablar sobre la situación actual de Rapa Nui. Foto: Pablo Hernández Mares
Sebastián Yancovic Pakarati, de La Mesa del Mar, asistió al Congreso Mundial de Conservación para hablar sobre la situación actual de Rapa Nui. Foto: Pablo Hernández Mares

A partir de eso, más de 20 organizaciones de pescadores, recolectores, buzos, deportistas, agricultores, artesanos y conservacionistas realizaron una propuesta de conservación marina que presentaron al Gobierno chileno para tener un sistema que se acerque a la realidad y a la cosmovisión de la cultura Rapa Nui.

Se estima que esta comunidad ha poblado estas islas del Pacífico desde hace 800 años y es conocida mundialmente por las grandes figuras de piedra colocadas a la orilla de la isla denominadas moáis, que representan a sus ancestros.

Las aguas alrededor de la Isla de Pascua albergan un próspero ecosistema. Foto de The Pew Charitable Trusts
Las aguas alrededor de la Isla de Pascua albergan un próspero ecosistema. Foto de The Pew Charitable Trusts

“Creemos que es necesario crear una gran área marina protegida, que cumpla estándares internacionales, para que podamos recibir fondos del exterior para poder mantener y proteger nuestra isla”, afirma  Sebastián Yancovic Pakarati, director fundador de Conservación Marina de la Isla de Pascua.

“La propuesta está en la etapa de consulta indígena, es un texto que establece el funcionamiento de la isla y en el último capítulo habla de las áreas de conservación, donde ellos van a tener, si esto llega a ser ley algún día, el poder de decidir cómo quieren hacer la conservación, distinto a cómo lo hacen en el continente con parques marinos, sino con sus propias formas, con sus propios denominaciones Rapa Nui”, explica Flores Arrate.

De aprobarse la propuesta, esta área marina protegida sería una de las más grandes de Sudamérica. Crédito de la imagen: The Pew Charitable Trusts
De aprobarse la propuesta, esta área marina protegida sería una de las más grandes de Sudamérica. Crédito de la imagen: The Pew Charitable Trusts

“Nosotros queremos no solamente trabajar esas áreas naturales protegidas sino aumentarlas, pero mantener un control por parte de la comunidad en una coadministración con el Estado, cada uno con distintas competencias pero nosotros sentados a la mesa y tomando decisiones”, insiste Yancovic Pakarati.

“Ese es el verdadero reto del manejo de la pesquería en siglo XXI, por ejemplo, en Hawái cuando esas áreas marinas se cierran y excluyen a los pescadores locales. ¿Quién va a tomar su lugar de vigilar si se acercan barcos pesqueros extranjeros? La guardia costera no tiene los recursos necesarios, eso les pasa a los Rapa Nui que ven las luces de los barcos a lo lejos pero ¿quién va a venir a ayudarlos y sacar esos botes de ahí?”, explica Christopher Hawkins, del Consejo de Administración Pesquera Regional del Pacífico Occidental, que representa a Samoa Americana, Guam, Hawái y las Islas Marianas del Norte.

“Esperamos que un poco de tecnología venga a nuestro rescate con drones, satélites, hay incluso algunos botes marinos autónomos que tienen cámaras en la punta del mástil  y están navegando todas estas áreas detectando a través de videos y radares a los barcos que no se supondría que deberían estar pescando en esos lugares”, manifiesta Hawkins, quien enfatiza que fueron los  pueblos indígenas de las islas del Pacífico quienes en algunos casos desde hace tres o cuatro mil años tuvieron sistemas de pesca sustentable que ahora podrían volver a replicarse.

Una isla de plástico


“El tema de la contaminación por plástico es terrible en Rapa Nui, estamos en medio del Pacífico Sur, que concentra todo el plástico que flota desde Chile y Perú por un lado y Oceanía por el otro”, detalla Sebastián Yancovic Pakarati, quien cuenta cómo es común encontrar aves y peces muertos y con el estómago lleno de microplásticos.

Recientemente, la comunidad firmó un acuerdo con una aerolínea chilena para sacar basura de la isla con los vuelos que regresan al continente luego de dejar a los turistas que visitan el lugar.

“Cada día llegan a la Isla de Pascua barcos con contenedores para llevar los recursos necesarios, porque no hay suficientes en las islas; con la conservación puedes tener una comunidad más sustentable en la isla, si protegemos ciertas áreas y permitimos la reproducción de especies y su crecimiento habrá más oportunidad para que la Isla de Pascua y otras sean más autosustentables”, considera Seth Horstmeyer.

Organizaciones como The Pew Charitable Trusts impulsaron una moción que fue aprobada en el congreso de la IUCN para proteger el 30 % del océano, debido a que en la actualidad solo el tres por ciento está protegido a nivel mundial.

Un área protegida como un parque marino puede ayudar como herramienta de conservación para especies únicas en esos ecosistemas. Crédito de la imagen: The Pew Charitable Trusts
Un área protegida como un parque marino puede ayudar como herramienta de conservación para especies únicas en esos ecosistemas. Crédito de la imagen: The Pew Charitable Trusts

En este contexto, el próximo año, Chile será sede del Congreso Internacional de Áreas Marinas Protegidas (IMPAC4 por sus siglas en inglés) que se realizará del 4 al 8 de setiembre en La Serena, una ciudad al norte de Santiago, frente al mar y cercana a áreas marinas protegidas. “Es una gran oportunidad para compartir experiencias, aprender el uno del otro y avanzar en la agenda política de creación de áreas marinas protegidas en Latinoamérica”, enfatiza Flores Arrate.

Los grandes barcos pesqueros siguen llegando y llevándose el atún de las aguas que rodean a la Isla de Pascua, las botellas de plástico se siguen acumulando en las playas de Rapa Nui, sin embargo, Simón y sus compañeros no pierden la esperanza de revertir esta situación y poder conservar limpio el lugar que ocuparon sus antepasados durante cientos de años en medio del Océano Pacífico.

Publicado originalmente en Mongabay Latam el 14 septiembre 2016 

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